Miguel Ángel Valero
Cuando Adrián llega a Nueva York huyendo del doloroso fin de una relación amorosa, se sumerge en una vorágine de encuentros y coincidencias que desafían las leyes del azar. Una sucesión de casualidades imposibles le empujan a una búsqueda obsesiva de las oscuras conexiones del pasado con el futuro.
Es el argumento de Esencial azar, la nueva novela del poeta, crítico y traductor Ángel Rupérez. Una obra de Editorial Cántico (323 páginas) que cumple con lo que promete la portada: "Una gran novela entre Madrid y Nueva York sobre el azar en nuestras vidas, el amor, el cine y la literatura".
Porque el crítico de cine enviado a cubrir un homenaje al director Woody Allen en Nueva York vive encuentros fortuitos con figuras icónicas del mundo artístico y literario, y también con desconocidos que despiertan en él emociones inesperadas.
El autor de ocho libros de poemas (Conversación en junio es uno de ellos y fue finalista del Premio Nacional de Poesía en 1992), de las novelas Vidas ajenas (Debate, 2002) y Sensación de vértigo (Izana, 2013), el libro de relatos Las lágrimas necesarias (Izana, 2015) y de ensayos como Sentimiento y creación (Trotta, 2007), demuestra su amor al cine y a la literatura, al mismo tiempo que explora cómo el pasado puede resurgir para transformarnos, y cómo el azar moldea nuestras existencias sin que nos demos cuenta.
'Esencial azar' es también una reflexión sobre la vida, "el tiempo que necesitamos para comprender lo que nos pasa, lo que nos ha pasado, lo que nos pasará".
Sobre la "enfermedad de la nostalgia", que el autor interpreta como "una forma de redención absoluta ante la enfermedad del tiempo, que consistía en pensar que se podía rescatar de la vida pasada -idealizada por un sentimiento de finitud que afecta a todo lo amado- lo que el mismo tiempo había hecho desaparecer".
"La nostalgia apoyada en hechos reales puede valer", pero "la que se apoya en hechos inventados o indemostrables es un desvarío al que se le puede llamar tranquilamente enfermedad o incluso locura transitoria", advierte Ángel Rupérez,
"No es tan mala la nostalgia, siempre y cuando no se trague el presente y no te haga pensar que la verdadera vida estuvo allí, y no aquí, en el aquí y ahora, que es lo único de verdad verdadero", añade.
Porque "el recuerdo, que se interfería inevitablemente con el presente, no me hacía anhelar otra cosa que lo que estaba viviendo. Era, exactamente, lo contrario de la nostalgia".
Y porque "el presente siempre gana, aunque sea lejano y parezca muerto. Nuestra mirada lo rescata y lo hace revivir, y entonces ya no es pasado, sino presente".
Es un libro que hace "pensar en la gratuidad absoluta de la existencia y en su inconmensurable capacidad de sorprender".
Porque "todos tenemos cicatrices que, aunque ya no duelan, nos recuerdan que donde ahora hay un rastro inofensivo y casi inocente antes hubo una herida dolorosa".