Miguel Ángel Valero
La Fundación Ramón Areces presenta el último número de su revista, un monográfico sobre ‘Las culturas de la inteligencia artificial’. Intervienen Esther Pizarro, artista visual, investigadora y catedrática de la Universidad Europea de Madrid; Asunción Gómez-Pérez, académica de número de la Real Academia Española y Catedrática en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad Politécnica de Madrid; e Ibán García del Blanco, consultor internacional, quien formó parte del equipo negociador de la Ley de inteligencia artificial en el Parlamento Europeo, entre otros.
Asunción Gómez-Pérez explica que ya en 1956 se hablaba de "máquinas con capacidades cognitivas". Ahora se está en la fase del aprendizaje profundo: a partir de datos no estructurados la IA genera nuevas imágenes, videos, textos o programas, realiza un reconocimiento facial, y crea asistentes conversacionales.
Los grandes modelos de lenguaje se entrenan con grandes cantidades de textos, lo que plantea el respeto a la propiedad intelectual y a los derechos de autor, pero también garantías de ausencia de sesgos y prejuicios, de un lenguaje que fomente el odio, la violencia verbal o que sea ofensiva, con datos anonimizados (no personales), veraces, y actualizados.
También plantea el papel del castellano en el mundo digital: "¿cuántas aplicaciones permiten comunicar en ese idioma?, ¿ayudan a respetar las normas (léxico, gramática, sintaxis, estilo)?, ¿nos ayudan a expresarnos mejor?, ¿transforman el idioma?". Y recuerda que 580 millones de personas en el mundo hablan castellano, idioma que genera el 7% del PIB mundial.
Por eso, la Real Academia de la Lengua Española puso en marcha LEAIA (Lengua Española e IA), para procurar que se enseñe un castellano correcto a las máquinas, y para proporcionar herramientas y aplicaciones que ayuden a los humanos a adquirir un buen uso del idioma.
Desde una 'nube' privada de la RAE se trabaja para detectar neologismos, derivados, tecnicismo, regionalismos y extranjerismos, y también nuevos usos de las palabras, se trabaja en verificación lingüística y en resolución de dudas, herramientas de regulación del idioma, y recopilación de material basado en la diversidad. Ofrece una infraestructura de datos segura para ser usada por la IA.
Esther Pizarro destaca la IA como herramienta para la creación artística: automatización de tareas, exploración de nuevos territorios. Es una herramienta colaborativa que favorece la independencia creativa, pero que tiene implicaciones para la educación artística.
Pero también plantea retos éticos: los sesgos en los algoritmos, la adicción digital, la devaluación de la creatividad, la elevada huella medioambiental, y las cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual y los derechos de autor.
Por su parte, Ibán García del Blanco asegura que "es necesario que sepamos que estamos ante un contenido hecho con IA" y reivindica el derecho a "conocer y participar en los procesos artísticos ligados a la IA". También avisa: "necesitamos límites, reglas, pero tienen que ser decisiones que se tomen colectivamente".
En el número 30 de la Revista de Ciencias y Humanidades de la Fundación Ramón Areces escriben el filósofo Michael J. Sandel; el experto en diplomacia cultural Joan Álvarez; la experta en cooperación internacional Natalia Armijos,; Manuel Quinteiro, ingeniero informático; Carmen Páez, subsecretaria del Ministerio de Cultura; Ibán García del Blanco; Adriana Moscoso, directora general del GESAC; Eva Ortega-Paíno y Fernando Escobar, del Ministerio de Ciencia; Esther Pizarro; el novelista Ernesto Pérez Zúñiga, Lucas Holten, experto en industria de la música; la exministra de Cultura Ángeles González Sinde, el guionista y productor Guillermo Escalona; la directora creativa Ana Criado; el actor y escritor Manuel D'Ocon; el guionista Curro Royo, la directora del Observatorio de IA y diversidad, Nuria Lloret, y Gemma Carbó, presidenta de ConArte Internacional.