22 Mar
22Mar

Miguel Ángel Valero

Todo un acierto, desde el punto de vista de la educación financiera, el planteamiento, original y por tanto siempre arriesgado, de una guía sobre fondos de inversión basada en la gastronomía. Es lo que ha hecho Pictet Asset Management, con Mi primer fondo de inversión, elaborado por Juan Ramón Caridad y María Jesús Soto con ilustraciones de Manel&Marc (Manel Sánchez Recio y Marc Fusté Boronat).

María Jesús Soto es presidenta de la Fundación que lleva su nombre, desarrolla labores de educación económico-financiera desde hace 30 años. Es autora, entre otros, de “Mi primer libro de Economía, Ahorro e Inversión”, que comenzó la serie en 2012 y que ahora incluye una decena de obras.

Juan Ramón Caridad es director del Máster en Mercados Financieros e Inversiones Alternativas (MFIA) del Instituto BME, y director de clientes estratégicos de Pictet AM en Iberia y Latam.

La guía fue presentada en la Bolsa de Madrid en un divertido acto en el que participaron los autores, apoyados por Elisa Ricón, directora general de Inverco; Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latam, y Enrique Castellanos, director del Instituto BME.

La obra parte de una evidencia: gastronomía y finanzas son similares. El sabor de una receta equivale a la rentabilidad de un fondo; las calorías, al riesgo. La diversificación es lo mismo que una dieta equilibrada. ¿Cómo se consigue? Utilizando las diferentes cazuelas y sartenes (las distintas categorías de fondos) para cocinar una gestión profesional del ahorro que lo proteja incluso en las situaciones más críticas.

Las gestoras son como los restaurantes. Unos ofrecen comida rápida y económica, como los ETF, o la gestión pasiva. Otros, variadas propuestas de cocina de autor, de chef, la gestión activa. El resultado es un menú basado en recetas (los estilos de inversión que emplea cada gestora: valor, crecimiento, entre otros): aperitivos de menor rentabilidad; el plato principal, carne o pescado, en función del fondo que más nos guste o que mejor se adapte a nuestro apetito; y los postres, como los fondos de retorno absoluto.

"El postre tiene que ser espectacular porque llega cuando el comensal ya no tiene hambre", como recuerda Alexandre Grimod de la Reynière.

El maitre describe el menú al detalle, porque conoce cada receta, cada ingrediente, su proceso de elaboración, qué chef (gestor o equipo de gestión) lo ha cocinado, su seguridad, las intolerancias que rechaza el cliente (que requiere un análisis de su perfil como inversor, de su nivel de riesgo), sin olvidar la sostenibilidad, y cómo se puede ayudar al planeta.

En ese paseo gastronómico, se conoce la diferencia entre un fondo de inversión y un depósito; los diferentes ingredientes (renta fija, variable, materias primas, divisas, derivados); las ventajas de no comprar todo en el mismo mercado, de no poner todos los huevos en la misma cesta; qué significa la ponderación; el horizonte temporal; los test de idoneidad y de conveniencia; la ventaja de mover el dinero de un fondo a otro sin pagar impuestos; la volatilidad.

También, la licencia para cocinar: los supervisores actúan como los inspectores de sanidad. Y los críticos gastronómicos son como las agencias de calificación.

La guía compara los pecados capitales, como la gula, la avaricia o la pereza, con la especulación, el invertir a corto plazo, o el error de dejar que la inflación devore sus ahorros. También, la soberbia, porque no hay nada más atrevido que la ignorancia, que facilita que al inversor le den gato por liebre (el chiringuito financiero como falso chef).

La obra no se olvida de las comisiones, las explícitas y las implícitas (gestión, depositaría), la propina (la comisión de éxito.

Y dedica un apartado a las novedades: el cripto, la tecnología blockchain, las finanzas descentralizadas.

Un buen cliente termina el viaje gastronómico con un certificado de inversor en fondos responsable.


Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.