Un 1% de PIB en defensa se traduce en 0,25% más de productividad

Miguel Ángel Valero

Con cientos de miles de millones de euros destinados a reforzar la capacidad militar de Europa, surge para el analista Pablo Gil en The Trader una pregunta clave: ¿puede este incremento en el gasto generar beneficios económicos a largo plazo? Históricamente, los periodos de expansión del gasto en defensa han impulsado la productividad. Un ejemplo claro es la Segunda Guerra Mundial, cuando EE. UU. multiplicó la producción de aviones, lo que forzó innovaciones en procesos de manufactura. 

Este tipo de “aprendizaje por necesidad” puede ser relevante para Europa, aunque en una escala menor. Algunos análisis apuntan a que un incremento temporal del 1% del PIB en gasto militar podría elevar la productividad a largo plazo en un 0,25%. Este efecto provendría de dos factores principales:

  • Innovación tecnológica: La inversión en investigación militar puede generar avances con aplicaciones civiles.
  • Eficiencia en la producción: Una mayor escala en el gasto de defensa impulsa mejoras en los procesos de manufactura, con efectos positivos para otros sectores.

Sin embargo, Europa enfrenta desafíos significativos para convertir este gasto en una palanca de crecimiento. Actualmente, alrededor del 80% del equipo militar adquirido proviene de fuera de la UE, principalmente de EE.UU. Para que la inversión en defensa impulse la productividad, es fundamental reducir la dependencia de importaciones y fortalecer la industria europea. 

La Comisión Europea reconoce sin ambages que “en la actualidad, la industria europea de Defensa no es capaz de producir los sistemas y equipos en las cantidades y con la rapidez que necesitan los Estados miembros”.

Otra barrera es la fragmentación de la estrategia de adquisición militar entre los países miembros. Cada nación tiene su propio enfoque, lo que genera ineficiencias. El impacto económico del gasto en defensa también depende de qué otros sectores puedan verse afectados. Algunos analistas advierten que el aumento en gasto militar podría desviar recursos de inversiones clave, como infraestructura o energías renovables. 

Un paralelismo con la Segunda Guerra Mundial muestra que, si bien EEUU logró avances tecnológicos durante el conflicto, también sufrió un deterioro en su infraestructura civil debido a la reasignación de recursos.

El incremento del gasto en defensa puede convertirse en un motor de productividad para Europa, pero solo si se aplican estrategias adecuadas. La clave está en reducir la dependencia de importaciones, coordinar la compra de equipamiento entre países y fomentar la investigación con aplicaciones duales. 

En el análisis de la Comisión se pone como ejemplo a Ucrania, “que ahora cuenta ahora con una industria de defensa innovadora y próspera, con gran experiencia en sectores como la IA y los drones, producto de la necesidad más absoluta”. “Una colaboración más estrecha entre las industrias ucraniana y europea permitiría una transferencia de conocimientos de primera mano”, añade.

Otro de los puntos que defiende la Comisión es la eliminación de obstáculos a la circulación de productos y bienes críticos para la industria, y no solo en Defensa, sino al conjunto de la economía para impulsar la competitividad y el crecimiento. En un mundo donde la seguridad y la competitividad económica están cada vez más interconectadas, la manera en que Europa gestione este desafío será determinante para su futuro.