Miguel Ángel Valero
En el peor invierno desde 2014, 116 personas han perdido la vida en un incendio entre noviembre de 2024 y febrero de 2025, según los datos provisionales aportados en la presentación de 112 Recomendaciones. Libro Blanco de la Prevención de Incendios y sus consecuencias, elaborado por Fundación Mapfre y la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB), que celebran la organización conjunta de la XX Semana de la Prevención de Incendios, De todas las víctimas, 85 se han producido en viviendas. Diciembre de 2024 ofrece el peor dato en víctimas mortales desde 2014. El 55% de los muertos eran mayores de 65 años; el 70%, falleció por inhalación de humos; y más del 50%, durante la noche. Andalucía registra 28 muertos, aunque el peor siniestro fue el incendio de una residencia de mayores en Zaragoza el 15 de noviembre de 2024, que se cobró la vida de 10 personas.
No es un problema sólo de España. En la Unión Europea fallecen cada año 5.000 personas por incendios, que causan 70.000 heridos. Hasta el 80% de los incendios ocurren en el hogar. Y eso que en Francia es obligatoria la instalación de detectores de humos en las viviendas, y la aseguradora debe ser informada de que la norma se cumple.
Entre las causas de este repunte en los incendios figuran el incremento de la carga de fuego, la falta de formación e información del ciudadano, el envejecimiento de la población, el aumento en el número de personas que viven solas; el coste de la energía, que genera pobreza energética; y la falta de previsión para una transición energética segura.
La proliferación de dispositivos electrónico, que ha disparado la demanda de energía en los hogares y también el riesgo de sobrecarga eléctrica y cortocircuitos; el uso de estufas de leña, braseros, y de materiales decorativos como las resinas, que incrementan el riesgo de propagación del fuego; la incorporación de mobiliario y de iluminación eléctrica en balcones y terrazas, que aumentan la carga de fuego en las fachadas de los edificios, también explican el alza de los incendios.
Jesús Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación Mapfre, insiste en que "la mayoría de los incendios son totalmente evitables" y que "no podemos resignarnos a que cada dos días muera una persona en España por un incendio o una explosión". Por eso reclama:
Carlos García Touriñán, presidente de la APTB, resalta que en un incendio hay "una persona fallecida, una familia destrozada y en grave situación socioeconómica". En la obra se subraya no confundir el cumplimiento de las normas con la ausencia total o absoluta de riesgos de incendio.
En la misma línea, Ricardo Jiménez, de Bomberos de Madrid, insiste en que la protección contra incendios no puede limitarse a cumplimiento de la normativa, sino "ir más allá", porque la prevención es tarea de todos: "conoce tu edificio, tu seguridad también depende de ti". Exige una educación "continua" y el fomento de una cultura de la prevención y de la auto protección, y la colaboración de todos los implicados. Al mismo tiempo, la prevención "no puede dejar a nadie atrás", y menos a los más vulnerables, como sucede en las residencias de tercera edad.
El informe ofrece 112 recomendaciones (que se corresponden con el número del teléfono de emergencia en Europa). Reclama un consenso político sobre el riesgo de incendio; una Estrategia Nacional de Prevención que contemple la seguridad como un derecho universal básico. La instalación de detectores de humo en las viviendas puede reducir el 55% el número de víctimas; el uso de rociadores en edificios altos, el 87%. Y subraya que el extintor es el elemento más conocido y extendido en España, "pero que pocas personas saben utilizar".
Además, las comunidades de vecinos deben conocer las características de los edificios en los que viven, el tipo de fachada, los materiales de construcción utilizados, las vías de evacuación. También propone revisiones periódicas de las instalaciones eléctricas domésticas. Y que tanto las inspecciones técnicas como los informes de evaluación de edificios incluyan la realización de análisis periódicos de protección pasiva de edificios. Sin olvidar la formación sobre prevención de incendios durante la etapa escolar.
En la presentación del estudio participó Carlos Novillo, consejero de Medio Ambiente, Agricultura, e Interior de la Comunidad de Madrid, que en el prólogo desvela que es bombero "desde hace más de 20 años". Antonio Huertas, presidente de Mapfre y de su Fundación, presume en la obra que ésta cambió "el modo de realizar la prevención de siniestros", tanto en España como en Iberoamérica.
Bomberos esclavos con el emperador Augusto
La obra de la Fundación Mapfre permite conocer que el primer equipo de bomberos fue creado por el emperador Augusto (63 aC-14 dC) y estaba formado por esclavos. En Hispania se replica la idea en el siglo I dC, aunque el primer cuerpo de bomberos como tal es constituido por Felipe II tras el incendio del Monasterio de El Escorial en 1577. Aunque la mutualización de riesgos ya aparece en Babilonia e India en el tercer milenio aC, el primer seguro de incendios es impulsado por las asociaciones mutuas (llamadas guildas) en Inglaterra, Alemania, Dinamarca y Francia, durante la Edad Media. En España corresponde a las hermandades y cofradías.
Tras el Gran Incendio, The Great Fire, que asoló Londres en 1666, el economista e inversor Nicholas Barbon crea la primera aseguradora de incendios, el Fire Office, además de un grupo de especialistas en la extinción. En 1680 pasa a denominarse La Compañía, y en 1705 se rebautiza como Fénix.
En 1785 se crea en Cádiz la Real Compañía de Seguros Terrestres y Marítimos, que en la sede de Madrid asume la gestión de los incendios. Tras el que devoró la Puerta del Sol de Madrid el 17 de abril de 1815 se funda en 1822 la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid