Inviam crece en cajas de seguridad por el cierre de sucursales

Miguel Ángel Valero

Por fin alguien que se ha beneficiado del cierre de sucursales de los bancos en España. Grupo Inviam fue fundada en 2013 (empezó a operar como sociedad anónima en 2014) para ofrecer servicios privados e independientes de custodia de joyas, documentos físicos, electrónicos u otros objetos valiosos en un espacio de máxima seguridad. Unos servicios que tradicionalmente presta la banca, pero que se han visto perjudicados por la reducción de oficinas desde la crisis de 2008.

"Para un banco, la caja de seguridad es una prestación adicional para determinados clientes. No es su negocio, sino una actividad residual, incluso en Banca Privada. Además, el coste de la seguridad de este servicio es muy elevado para una sucursal", explica David Sacristán, consejero delegado de Inviam. De hecho, la empresa pone el foco en el cliente descontento con el servicio de cajas de seguridad de un banco.

"El banco cobra un 50% más por autorizado, más las visitas y los seguros. Inviam cobra por alquilar una caja de seguridad desde 1€ al día, un tercio de las tarifas de un banco, y el cliente puede hacer todas las visitas y poner todos los autorizados que quiera", insiste. Además, frente al plazo de un año que se requiere en algunos bancos, en Inviam no hay lista de espera: se accede a la caja de seguridad a partir de la firma del contrato, y no hay que esperar a que el director de la sucursal, o la persona encargada, esté libre para acceder al servicio. "Tampoco hay clientes preferentes, para nosotros todos son iguales, no queremos depender de un perfil determinado de usuario", resalta David Sacristán

El negocio va tan bien que obligó a Inviam a cambiar de sede en 2023, para no depender de un tercero (era un local alquilado), estar en un lugar más céntrico, y tener más capacidad: de las 1.600 cajas de seguridad actuales, hasta 4.400.

El cliente de Inviam es un profesional, "hay muchos abogados, que quieren guardar los originales de mucha documentación", coleccionistas, personas que se van fuera de Madrid a trabajar durante un tiempo determinado, y otras que son destinadas a Madrid también por un período fijado. "En los meses de verano la demanda se dispara", subraya su CEO. Lo habitual es cinco usuarios por caja de seguridad, que está a nombre de una empresa. "Lo normal es que el cliente renueve, es de una elevada fidelidad", insiste. Más del 10% de los clientes están en Inviam desde el principio.

El usuario dispone de un seguro de 25.000€, ampliable hasta los 250.000 euros. No se le exige contratar otros servicios o mantener un saldo mínimo en la cuenta (como sucede en los bancos). Tiene acceso a su caja de seguridad todos los días de lunes a sábado, con contratos de alquileres por un mes, un trimestre o años (hay un preaviso de un mes antes de que venza el arrendamiento), visitas gratuitas ilimitadas para el titular y todos los autorizados.

Inviam es rentable desde su segundo año de funcionamiento. Con una inversión de 1,5 millones€, la compañía mantiene un crecimiento medio anual del 27% en términos de clientes desde su fundación. La plantilla actual está formada por trabajadores que han visto nacer y crecer la empresa.

David Sacristán reconoce que costó mucho conseguir el seguro, por el riesgo que se asocia a las cajas de seguridad. Pero la siniestralidad es mínima por las medidas de seguridad. Su edificio, situado en un sótano al que se accede desde la calle a través de una rampa protegida con barras de acero, está construido completamente en hormigón y acero, cuenta con techos y paredes forjados y cristales de máxima seguridad. Dispone de un pasillo de ronda muy estrecho que impide el acceso de personas no autorizadas. 

Ante cualquier imprevisto, cuenta además con alarmas de seguridad, protección y vigilancia 24 horas. Su cámara acorazada es de grado 8, cuando el requisito es 3, lo mismo que la conexión a la central de alarmas (se produce una vez al segundo). Dispone de un doble anillo informático para garantizar la privacidad de los datos y, ante eventuales caídas de suministros externos, cuenta con sistemas eléctricos autónomos y telecomunicaciones de respaldo. Los clientes deben pasar varios controles para acceder a sus pertenencias y se acreditan mediante sistemas biométricos pioneros, como el reconocimiento facial y la geometría de la mano.

"Nunca puede haber más clientes que empleados en la sala de las cajas de seguridad, y solo pueden estar titulares y autorizados", detalla.

"Hay dos llaves, la que tiene el cliente y la que utiliza el empleado. Además, siempre se exige la elección de una persona de contacto. Si en tres meses no hay relación alguna con el cliente, se llama a la persona de contacto. Si hay un fallecimiento, es quien nos permite localizar a los herederos. Nosotros no podemos ni decir si el cliente tiene o no contratada una caja de seguridad. Lo que el cliente guarde en la caja de seguridad, solo él lo sabe. En caso de fallecimiento del titular, se abre ante un notario. En los demás casos, solo ante una orden judicial", explica.

Atendiendo a las necesidades de sus clientes, especialmente particulares, que no ven satisfechas sus demandas de cajas de seguridad ante la restrictiva oferta de los bancos, Inviam tiene en marcha un plan de expansión por las grandes ciudades e incluso se plantean abrir en Portugal, Francia o Italia. "Estamos en una primera fase de prospección del mercado y de su rentabilidad. Luego está la elección del local, debe ser grande y que requiera pocos empleados para atender a muchos clientes".