Miguel Ángel Valero
Una de las iniciativas más polémicas del segundo mandato de Donald Trump como presidente de EEUU es el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), con Elon Musk alardeando de despidos masivos, acceso sin precedentes a sistemas federales, y de rescisión de contratos gubernamentales.
Es un departamento nuevo creado por la segunda administración de Trump para reducir el gasto público, modernizar la tecnología federal y aumentar la eficiencia de la administración pública. La iniciativa sitúa equipos DOGE en los organismos federales para supervisar los recortes presupuestarios, las reducciones de personal y las actualizaciones tecnológicas. Uno de sus principales objetivos es eliminar los organismos y programas gubernamentales “redundantes”.
La administración Trump afirma que el DOGE ya ha ahorrado miles de millones de dólares al Gobierno, aunque análisis independientes han puesto en duda estas cifras. Musk ha defendido la necesidad de estos recortes, afirmando que son esenciales para evitar la “bancarrota” del país, justificando así decisiones drásticas como la eliminación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la toma de control de instituciones como el Instituto de la Paz de los Estados Unidos (USIP).
Por las tijeras del DOGE han pasado departamentos clave como Salud y Servicios Humanos (HHS) y la Administración Federal de Aviación (FAA). Se han anulado contratos gubernamentales, programas medioambientales, iniciativas de diversidad e incluso una exposición dedicada al doctor Anthony Fauci en los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
Una de las medidas más controvertidas ha sido la eliminación del acceso telefónico para inscribirse o modificar información en la Seguridad Social, lo que facilita los fraudes y dificulta el acceso de las personas más mayores y de los colectivos vulnerables. El DOGE también eliminó el período de espera de 30 días para cambios en cuentas bancarias de beneficiarios de la Seguridad Social, un foco potencial de fraude.
Expertos jurídicos han alertado sobre el acceso del DOGE a información clasificada, en particular en organismos como el Departamento de Estado y la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO).
Una de las consecuencias directas del trabajo del DOGE en EE. UU. está siendo los recortes significativos en la financiación de la investigación y el desarrollo (I+D). Instituciones como la Universidad Johns Hopkins han sufrido reducciones sustanciales en sus presupuestos destinados a la investigación médica. La universidad ha perdido este año 800 millones$ en subvenciones debido a recortes ordenados por la administración Trump, afectando directamente a proyectos cruciales y provocando despidos de personal.
De manera similar, universidades como Columbia y Harvard sufren pérdidas de cientos de millones por motivos diversos, lo que "plantea dudas sobre el futuro de Estados Unidos como superpotencia científica", según el analista Pablo Gil.
Pero estos recortes no solo afectan la investigación médica, sino que también tienen implicaciones en otras áreas de innovación, como la inteligencia artificial, la biotecnología y la exploración espacial.
EEUU ha sido tradicionalmente un imán para el talento global en ciencia y tecnología, pero las nuevas políticas de Trump pueden estar fomentando la emigración de investigadores hacia otros países que sí están incrementando sus presupuestos de inversión en I+D.
El impacto económico de estos recortes también se refleja en la disminución de empleo en el sector de la investigación. Centros de desarrollo tecnológico dependen en gran medida de la financiación pública, y sin un respaldo adecuado, muchas de estas instituciones están recortando personal o reduciendo sus áreas de estudio. Como consecuencia, sectores estratégicos como la defensa, la ciberseguridad y las telecomunicaciones pueden verse seriamente comprometidos en los próximos años.
China lanza SpaceSail para dominar internet
Mientras Estados Unidos reduce su inversión en ciencia, China avanza en el ámbito de las comunicaciones con satélites a baja altura. El lanzamiento de SpaceSail, un competidor directo de Starlink de Elon Musk, demuestra la intención de China de dominar el mercado de internet gracias a su nueva red de satélites, especialmente en mercados emergentes. SpaceSail ya ha firmado acuerdos para operar en Brasil y está en conversaciones con más de 30 países, incluyendo naciones de Asia y África, regiones donde Starlink ha tenido dificultades para entrar debido a regulaciones locales y percepciones sobre sus vínculos con el Gobierno estadounidense.
El avance de China en este sector no es casualidad. El Gobierno de Pekín ha implementado una política de expansión estratégica basada en la inversión masiva en infraestructura tecnológica. La red SpaceSail promete ofrecer acceso a internet de alta velocidad en regiones donde Starlink ha encontrado barreras burocráticas o resistencia política. Esta iniciativa se enmarca en un esfuerzo más amplio por parte de China para consolidar su liderazgo en el desarrollo de inteligencia artificial, computación cuántica y telecomunicaciones, áreas en las que está recortando la distancia con EE. UU.
Además, China ha sido más agresiva en su diplomacia tecnológica. A diferencia de EE. UU., que suele vincular su tecnología a acuerdos comerciales y requisitos estratégicos, China está ofreciendo sus soluciones con menos restricciones, lo que le permite ganar influencia en mercados emergentes. Si esta tendencia continúa, en pocos años podemos ver un mundo donde la tecnología de comunicaciones esté dominada por empresas chinas, lo que podría cambiar radicalmente elequilibrio de poder en el ámbito digital.
Está claro que la política exterior agresiva de EE. UU. está despertando y acelerando la reacción de países que son, o han sido, relevantes en el equilibrio del orden mundial en el pasado. El primer ejemplo lo tenemos en Europa, especialmente en Alemania, que ha acordado modificar su Constitución para dar cabida a un cambio drástico en el límite de endeudamiento del país, que permita fortalecer su industria militar y reducir su dependencia de Washington.
Esto ha llevado al país a asumir un liderazgo más proactivo en cuestiones de seguridad y cooperación industrial dentro de la Unión Europea. La transformación de Alemania, un país con una fuerte tradición exportadora, a una economía más centrada en el consumo interno y la defensa, puede redefinir su posición dentro de Europa, dándole un rol preponderante frente a las tensiones geopolíticas globales.
Las decisiones de la administración Trump están teniendo repercusiones que van más allá de las fronteras estadounidenses. La reducción de la inversión en ciencia e innovación puede socavar la posición de EEUU como líder tecnológico, mientras que países como China y Alemania aprovechan estos cambios para fortalecer sus posiciones en la economía global. La próxima década puede marcar un punto de inflexión en el equilibrio de poder, con consecuencias significativas para la competitividad estadounidense a nivel mundial. "Si EEUU no revierte estas tendencias, corre el riesgo de perder su estatus de referente global en innovación y tecnología en favor de sus rivales estratégicos", avisa Pablo Gil.